Solemos creer que la verdad es un descubrimiento heroico, algo que brilla por sí solo. Sin embargo, la historia nos enseña una lección más cruda: la verdad rara vez es libre. En realidad, la relación entre verdad y poder es un vínculo indisoluble. Quien tiene la autoridad, tiene la capacidad de definir qué es cierto y qué es falso. Desde los dogmas antiguos hasta los algoritmos de la posverdad, entender cómo se construye la realidad es el primer paso para dejar de ser manipulados por ella.
Michel Foucault y la «política de la verdad»
Para Michel Foucault, la verdad no es algo ajeno al mundo. Él sostenía que cada sociedad tiene su propio «régimen de verdad». Esto significa que el sistema acepta y hace funcionar ciertos discursos como verdaderos.
Este vínculo se manifiesta a través de tres mecanismos de control:
- La exclusión del discurso: El poder decide qué temas son dignos de debate y cuáles deben ser silenciados o tachados de locura.
- La autoridad del experto: No importa solo qué se dice, sino quién lo dice. La ciencia y la ley actúan a menudo como validadores del poder político.
- La creación de la norma: La verdad se utiliza para definir qué es «normal» y qué es «desviado», permitiendo así el control de la población.

El contrapunto de Popper: La ciencia como antídoto al dogma
Sin embargo, frente a la visión de Foucault que reduce la verdad a una construcción del poder, Karl Popper nos ofrece una salida a través del racionalismo crítico. Para Popper, la ciencia no es un instrumento de validación del poder político, sino todo lo contrario: es la única actividad humana capaz de reconocer sus propios errores.
La diferencia fundamental reside en la falsabilidad. Mientras que un «régimen de verdad» foucaultiano es cerrado y dogmático, la ciencia popperiana sobrevive solo si se deja cuestionar. Confiar en la ciencia no es confiar en una autoridad absoluta, sino en un método que permite derribar verdades establecidas si la evidencia las contradice. Para Popper, una «verdad» que no puede ser criticada no es ciencia, es ideología.
¿Dónde reside el poder hoy? De los Estados a los Algoritmos.
Si aplicamos el pensamiento de Popper al presente, la amenaza para la Sociedad Abierta parece haber mutado. El riesgo ya no reside únicamente en la autoridad visible de los Estados, sino en estructuras de gobernanza global que operan bajo lógicas estrictamente técnicas y privadas.
- El desafío de la opacidad: Frente al ideal de la ciencia como un libro abierto y falible, nos encontramos con sistemas de gestión de la información que funcionan como «cajas negras». Cuando los mecanismos que jerarquizan la verdad son inaccesibles al escrutinio público, se anula la posibilidad de la crítica racional. Un sistema que no puede ser cuestionado ni auditado por la ciudadanía deja de ser una herramienta de progreso para convertirse en una nueva forma de dogma tecnológico.
- Soberanía de datos vs. Deliberación democrática: El centro de gravedad de la «verdad social» se está desplazando. La capacidad de moldear el sentido común y la percepción de la realidad ya no emana exclusivamente de las instituciones democráticas tradicionales. Estamos ante un escenario donde los flujos de información transnacionales operan por encima de las fronteras, planteando un interrogante ético fundamental: ¿cómo puede una sociedad ser libre si los criterios que definen su realidad escapan al control y a la participación de sus propios ciudadanos?

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